La piscina natural
La piscina natural, biológica o ecológica, según el nombre que se lo da, fue inventada en los años ochenta en Austria, Europa. La piscina ecológica es una buena opción para los que quieren proteger el medio ambiente. La construcción de una piscina biológica no cuesta más que una piscina tradicional. La ventaja económica es que necesita mucho menos mantenimiento y sobre todo, no necesita productos químicos y tóxicos. Se limpia naturalmente con las plantas que desempeñan el papel de cloro natural, eliminando las bacterias.
La piscina natural se compone de dos estanques del mismo tamaño: la zona de natación y la zona de regeneración. Cada zona debe tener una superficie mínima de 25 m2, sea en total 50 m2. La zona de regeneración es la zona que sirve de biotopo de limpieza, de filtro natural: limpia el agua y la transvase de nuevo en la zona de natación. La zona de regeneración debe tener una profundidad mínima de 30 cm. Siendo una construcción sostenible, los materiales usados son ecológicos: las paredes internas se fabrican con plástico reutilizado, piedra, madera de construcción o bolsos geotextiles. Según cómo se oriente la piscina y según las plantas que se elijan, se crea un microclima que calienta el agua y que prolonga la temporada de uso. Por eso, hay que tomar en cuenta los vientos, el relieve, las plantaciones, las paredes, el sol y cada factor que pueda interferir.
Lo más importante es cuidar las plantas un par de veces al año, con lo cual mantener una piscina natural se asemeja más a la jardinería. La piscina natural se fusiona armoniosamente con la naturaleza y favorece la fauna local. Hasta se convierte en un pequeño paraíso en el que desaparecen los mosquitos, cogidos por las ranas y los pájaros.
