mar 24, 2009
Aún cuando otras alternativas para la obtención de energía ocupen la atención pública debido a su novedad o a la polémica que conlleva su posible utilización, lo cierto es que la energía hidráulica ha venido brindando un recurso de aprovechamiento limpio para las más variadas industrias desde hace mucho tiempo.
La energía hidráulica se fundamenta en servirse de las caídas de agua, llevadas a cabo desde calculadas alturas. Al momento de que corrientes del vital líquido pasan a través de grandes turbinas, estas producen energía cinética, por la rotación generada, que luego derivará en montos de electricidad, muy valiosos.
Estas tecnologías son utilizables en sitios que cuentan con las cantidades de agua necesaria, misma que luego es conducida de nuevo al sitio de donde partió, generalmente un río. Para desarrollar esta energía es preciso una infraestructura que incluya presas, canales, la instalación de turbinas monumentales y los equipos generadores de electricidad convenientes.
Si bien todo esto implica fuentes de inversión considerables, mayores incluso que la utilización de carbón o de petróleo, la nula contaminación que la energía hidráulica produce, además de la mínima manutención que conlleva, la siguen manteniendo como una opción muy destacada para fines de energetización ecológica.
La primera central hidroeléctrica fue inaugurada en Gran Bretaña en 1880. Para 1920 una considerable porción de la energía eléctrica de todo el orbe se obtenía por medio de tecnologías hidráulicas. En la actualidad Estados Unidos, Canadá y China, son las naciones más importantes en lo que respecta a la utilización de la energía hidráulica.
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