Clima y alergia
Desde 2007, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que en el mundo 300 millones de personas sufren asma, y que la alergia constituye la cuarta enfermedad mundial. El número de víctimas de alergias va aumentando, principalmente a causa del cambio climático.
La alergia se define como una hipersensibilidad a una sustancia que si se respira, se come o se toca produce una reacción exagerada del sistema inmunitario. Sus manifestaciones aparecen principalmente en la piel y en el aparato respiratorio. Según un artículo publicado en septiembre de 2008, en el periódico norteamericano Journal of Allergy and Clinical Immunology, no sólo aumentan los casos de asma y de alergia sino también su gravedad. Es debido en gran parte al cambio climático porque favorece la contaminación atmosférica y la concentración del polen en el aíre. En efecto, el calentamiento global provoca temporadas de polen más largas. Además, las emisiones de CO2 favorecen el crecimiento de ciertas plantas y las puede hacer aún más dañinas para los sujetos alérgicos.
Cuando un alergeno entra en el organismo de una persona alérgica, el sistema inmunitario produce anticuerpos llamados inmunoglobulina E (IgE) que constituyen la respuesta del cuerpo contra los parásitos. Pero el alergeno no es un parásito. El cuerpo da una respuesta errónea y se crean así las reacciones alérgicas: rinitis, tos, estornudos, conjuntivitis, bronquitis; y puede desembocar en el asma.
El principal tratamiento es la inmunoterapia, llamada comúnmente vacuna de alergia, hiposensibilización o desensibilización. Consiste en inyectar al paciente la sustancia a la que es alérgico. La dosis va aumentando hasta que, varios años después, el cuerpo se vuelve tolerante.
Los casos de alergias, de molestias respiratorias y de asma siendo cada vez más numerosos, el inhalador podría convertirse en nuestro compañero de bolsillo en el futuro.
